Y es que ojalá supiese sonreír bonito sin un espejo delante, ojalá el perfil de mi nariz fuese fino y esbelto como todos los que envidio entre suspiros en cualquier cafetería. Desearía que mis tetas no siguiesen la ley de la gravedad y que los vellos que tengo repartidos por todo el cuerpo y el rostro nunca hubiesen estado ahí. No sé que daría porque la lista acabase aquí, pero no lo hace.
Sin embargo, la única verdad es que están ahí, todos y cada uno de esos defectos que me irritan, que me hacen sentir inferior, que me hacen pensar que soy más difícil de querer... que otras.
Lo que se me olvida es que esas otras tienen sus complejos,sus inseguridades, y que yo no estoy aquí para envidiarlas ni para soñar en estar por encima. He venido a este mundo a amar a mis hermanas de género, y a las que no, he venido a hacerlas sentir especiales por cada cosa maravillosa que yo sé ver y que ellas no pueden. He venido a dejarme convencer, por mis compañeras y el espejo, de que estoy llena de cosas maravillosas que me hacen única.
Tengo que aprender a amar cada "defecto", entrecomillado al fin porque no es un buen término, porque no hay un modelo perfecto al que he fallado, del que me he desviado; soy la perfecta representación de mí. Tengo que aprender a amarme cómo desearía que se amasen mis hermanas, a admirarme como admiro cada uno de sus recovecos, y no deleitarme en las partes normativas que me han enseñado a querer y potenciar.
Ojalá nunca me mirase al espejo y me viese menos o más guapa que el día anterior, porque no es cierto. Ojalá nunca me mirase al espejo y maldijese a todo el planeta por no tener unas pinzas cerca. Ojalá nunca sintiese vergüenza de levantar los brazos si no recuerdo haberme depilado. Ojalá no me importasen las miradas fijas en mis pechos de punta y zumbantes al ritmo firme de mis pasos.
Todas estas cosas tienen que dejar de ser un ojalá para convertirse en mi realidad. No necesito encontrar el ángulo bueno para una foto, porque no lo tengo, y el malo tampoco, porque soy perfecta tal y como soy, una perfecta representación de lo que se supone que tenía que ser, una mezcla aleatoria de genética, casualidad y muecas aprendidas.
Sé que soy maravillosa, porque sé que todas lo somos, la primera maravilla de aquel que llamáis Dios y yo llamo Madre. Somos fuentes de vida, de amor, de sentimientos, y parece que todo el odio nos lo reservamos para nosotras mismas, para los peores momentos. Pero gracias al universo, estamos rodeadas de personas que nunca se van a cansar de repetirnos lo que ven y hacérnoslo ver.
PD. A veces también escribo porque pienso, porque me doy rabia, porque me gusta el nudo en la garganta al soltar los dedos sobre el teclado, porque echo de menos estar triste y escribir.
Make a wish.
Que mi reflejo nunca se canse de repetirme lo increíble que vuelvo a estar esta mañana.