Éste es el principio del resto de mi vida.
Es aquí, justo aquí, dónde me doy cuenta de lo imprescindible que eres en mi vida.
Tú y yo, algo que empezó como un juego y que ahora, algo después de un año, quiero que esté presente el resto de mis días.
"No te irás a Navarra con él" resuena en mi cabeza. ¿Cuántas veces me habrán dicho eso? ¿En qué momento exacto mi corazón decidió luchar por algo que nunca tuvo ni pies ni cabeza? No tengo la menor idea.
Sólo sé que nunca dudaría en hacer las maletas e irme donde quiera que él esté.
Que Sergio es mi hogar, mi sonrisa y mis ganas de vivir.
Puede que esté loca, o simplemente muy rota, pero creo que ya me lo han robado lo suficiente.
Quiero que decidamos por nosotros mismos. No somos una edad, ni una ideología y no somos nuestros padres.
Quiero irme contigo,para siempre, dónde sea.
Vivir a tu lado es bastante recompensa como para aguantar lo que sea, cuan duro sea.
Si estoy viva: te amo.
Quizá haya pasado demasiado tiempo para que recuerde a la perfección el día cinco, pero si de algo estoy segura es de que no tenía ni idea de todo lo que se me venía encima.
No me esperaba tantos baches ni tantas restricciones. Ni imaginaba tantas palabras sinceras ni tantos paseos de la mano.
No quería ser tan importante, pero aún menos depender de él.
No creía poder crecer tan rápido, ni afrontar verdades tan dolorosas; pero si había algo impensable es que iba a amarle de esta manera.
martes, 28 de agosto de 2012
Me asfixio.
¡Que agobio, joder!
Estamos a 28..29,30,31,1,2... ¿CINCO DÍAS? En menos de una semana ponemos todo en juego, enseñamos las cartas y esperamos a que el resto nos imite. Dios, él tiene que recuperar 2 asignaturas, sólo hacer 2 exámenes bien y es mío un poco más. No... no podría aguantar que se fuera, o quizás sí, pero no quiero hacerlo.
Ni si quiera tengo por seguro si se iría o no, pero la más mínima posibilidad me rompe el alma e inunda mis ojos.
Pero bueno, hoy estoy de muy buen humor y aunque no vaya a verte te siento cerquita mía, con ganas de amarme.
Estamos a 28..29,30,31,1,2... ¿CINCO DÍAS? En menos de una semana ponemos todo en juego, enseñamos las cartas y esperamos a que el resto nos imite. Dios, él tiene que recuperar 2 asignaturas, sólo hacer 2 exámenes bien y es mío un poco más. No... no podría aguantar que se fuera, o quizás sí, pero no quiero hacerlo.
Ni si quiera tengo por seguro si se iría o no, pero la más mínima posibilidad me rompe el alma e inunda mis ojos.
Pero bueno, hoy estoy de muy buen humor y aunque no vaya a verte te siento cerquita mía, con ganas de amarme.
viernes, 24 de agosto de 2012
Un buen libro es como un buen romance.
Odio leer.
Realmente es mi hobby preferido, pero me produce una mezcla bastante abstracta de sentimientos.
Me llena poco a poco, me sumerjo en la historia, me enamoro de los personajes y de sus vivencias; y cuando menos quiero que acabe el libro, a 10 páginas del final, todo se viene a bajo.
Mis amados personajes mueren para darle un caótico remate a la historia; cuando se declaran su amor después de tantos años o cuando al fin son felices, hay algo que lo destroza todo.
Eso me deja un vacío enorme y una tristeza que me cuesta asimilar. Soy una persona de finales alegres de cuentos de princesas, y que me destrocen mi utopía me parece un crimen.
Cuando me acabo un libro suelo estamparlo fuertemente sobre la cama o la mesa, de rabia, de impotencia.
Pero aún así me cojo otro libro y empiezo a enamorarme de nuevo; como a quién le destrozan el corazón y no deja de creer que ahí fuera hay alguien que le hará enormemente feliz.
Aún así seguiré leyendo, llenaré mil y una estanterías de escritos que quizás nunca me lea, de pergaminos que no recuerdo haber leído y de libros que sin duda releeré millones de veces; porque aunque esos malditos enanos de papel me rompan el corazón con cada punto y final, seguiré abriéndolos y enamorándome, porque no me da miedo el amor.
Realmente es mi hobby preferido, pero me produce una mezcla bastante abstracta de sentimientos.
Me llena poco a poco, me sumerjo en la historia, me enamoro de los personajes y de sus vivencias; y cuando menos quiero que acabe el libro, a 10 páginas del final, todo se viene a bajo.
Mis amados personajes mueren para darle un caótico remate a la historia; cuando se declaran su amor después de tantos años o cuando al fin son felices, hay algo que lo destroza todo.
Eso me deja un vacío enorme y una tristeza que me cuesta asimilar. Soy una persona de finales alegres de cuentos de princesas, y que me destrocen mi utopía me parece un crimen.
Cuando me acabo un libro suelo estamparlo fuertemente sobre la cama o la mesa, de rabia, de impotencia.
Pero aún así me cojo otro libro y empiezo a enamorarme de nuevo; como a quién le destrozan el corazón y no deja de creer que ahí fuera hay alguien que le hará enormemente feliz.
Aún así seguiré leyendo, llenaré mil y una estanterías de escritos que quizás nunca me lea, de pergaminos que no recuerdo haber leído y de libros que sin duda releeré millones de veces; porque aunque esos malditos enanos de papel me rompan el corazón con cada punto y final, seguiré abriéndolos y enamorándome, porque no me da miedo el amor.
My timelife
EL TIEMPO.
Hace ya tiempo que el tiempo no deja de fluir.
Hace ya tiempo que el tiempo no deja de fluir.
Recuerdo cual afortunado era el tiempo en el que había tiempo para perder el tiempo. Mi tiempo. Nuestro tiempo. Las horas que podía pasar a tu lado, sin hacer absolutamente nada. Tú en tus libros,con tu música. Yo con mis dibujos y sonriendo cada vez que desviabas la mirada hacia mi.
Eramos buenos amigos, los mejores diría yo. Estábamos todo el tiempo discutiendo, pero en dos segundos sonreíamos y se olvidaba todo... Ese bonito tiempo, cuando teníamos 14 y 15 años. Pasábamos las tardes corriendo y jugando en el barrio.
Ahora ya no tenemos tiempo para eso. Tú trabajas, lejos de aquí. En tu oficina, con tu traje y tu maldita corbata a rayas. Yo aquí, con mis pinturas y mi ventanal que da hacia la playa.
Aún te echo de menos, 15 años después y sigo añorando las tardes escondidos en el trastero de tu padre. Te echo de menos, pero tú no tienes tiempo que perder conmigo.
Eramos buenos amigos, los mejores diría yo. Estábamos todo el tiempo discutiendo, pero en dos segundos sonreíamos y se olvidaba todo... Ese bonito tiempo, cuando teníamos 14 y 15 años. Pasábamos las tardes corriendo y jugando en el barrio.
Ahora ya no tenemos tiempo para eso. Tú trabajas, lejos de aquí. En tu oficina, con tu traje y tu maldita corbata a rayas. Yo aquí, con mis pinturas y mi ventanal que da hacia la playa.
Aún te echo de menos, 15 años después y sigo añorando las tardes escondidos en el trastero de tu padre. Te echo de menos, pero tú no tienes tiempo que perder conmigo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)