martes, 12 de abril de 2016

Crecer es una trampa, y Sabinillas mi hogar.

No crezcáis, es una trampa.

Sonríe vida sin más, como si fuese la última noche, como si fuese el primer día.
Sonríe, sin importarte que nadie lo haga, porque siempre a alguien le importará que sonrías.
Sonríe, sin motivos para hacerlo, porque los motivos para no hacerlo son tan solo excusas.
Sonríe solo, porque siempre terminarás encontrando alguien que sonría contigo.
Sonríe, regálale al mundo algo tan sencillo, algo tan maravilloso, tan grandioso, tan mágico, que en un instante transformará todo a tu alrededor.
Sonríe porque sí, porque la vida es un selfie, porque eres maravilloso, por tí, porque merece la pena, porque nada ni nadie que no seas tú puede dejarte sin el privilegio de tu sonrisa.
Sonríe, porque la sonrisa es el único idioma que no entiende de fronteras, ni de límites.
El único idioma que no entiende de edades, ni de títulos.
Porque la sonrisa es el idioma de los niños, de las niñas.

Y por mucho que te empeñes en crecer, en maquillarte, en disfrazarte con telas, conocimientos y problemas,
siempre serás un pitufo que se motiva ganando fichas, que se asusta con la monja Petra, o que llora escuchando la canción de los rotuladores de colores.
No te engañes, sonríe y permítete ser ese niño que nunca dejaste de ser.
Permítete reconocer que crecer es una golosa y superficial trampa en la que, aunque a veces caes, siempre terminas encontrando motivos para salir.

Sonríe vida sin más,
como si cada noche fuese la última noche,
como si cada día fuese el primer día.
Sonríe, corazón,
porque hoy es la última noche,
porque mañana será el primer día.

Pedro Pablo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario