El amor de mi vida no es un mapache cualquiera.
No tiene tanto pelo como le gustaría y conmigo casi nunca lleva puesto el antifaz.
Es capaz de crear arte con sus manitas, también de hacerme cosquillas y no parar hasta que se lo suplico entre carcajadas.
Es un mapache pero, en vez de en la basura, trastea en las cocinas en busca de magdalenas.
Realmente es el rey de los animales y, aunque soy republicana, hay veces que le siento también rey de mi corazón.
Que alegría que un animal tan mágico llegase a mi vida para acogerme en su pecho sin condiciones,
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