Odio leer.
Realmente es mi hobby preferido, pero me produce una mezcla bastante abstracta de sentimientos.
Me llena poco a poco, me sumerjo en la historia, me enamoro de los personajes y de sus vivencias; y cuando menos quiero que acabe el libro, a 10 páginas del final, todo se viene a bajo.
Mis amados personajes mueren para darle un caótico remate a la historia; cuando se declaran su amor después de tantos años o cuando al fin son felices, hay algo que lo destroza todo.
Eso me deja un vacío enorme y una tristeza que me cuesta asimilar. Soy una persona de finales alegres de cuentos de princesas, y que me destrocen mi utopía me parece un crimen.
Cuando me acabo un libro suelo estamparlo fuertemente sobre la cama o la mesa, de rabia, de impotencia.
Pero aún así me cojo otro libro y empiezo a enamorarme de nuevo; como a quién le destrozan el corazón y no deja de creer que ahí fuera hay alguien que le hará enormemente feliz.
Aún así seguiré leyendo, llenaré mil y una estanterías de escritos que quizás nunca me lea, de pergaminos que no recuerdo haber leído y de libros que sin duda releeré millones de veces; porque aunque esos malditos enanos de papel me rompan el corazón con cada punto y final, seguiré abriéndolos y enamorándome, porque no me da miedo el amor.
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