Hoy no sé que me pasa. Estoy necesitada de cariño, del tuyo, sin duda.
Sé que soy imbécil y que me pongo arisca y sosa cuando hay alguien delante, pero simplemente no quiero hacerles sentir incómodos.
Te doy un simple beso cuando me apetece espachurrarte entre mis brazos, besarte hasta que nos duelan los labios y gritarte que te quiero cuando ya estás lejos. Pero no lo hago.
Estoy sintiendo cosas muy fuertes por ti, y creo que me asusta. Pero también me hace sonreír.
Escuchar una canción y que inmediatamente vengas tú a pasearte por mi mente, saber que los sentimientos que me crea esa canción son todos hacia ti. No sabes el vértigo que me da.
No sé, casi todas las noches siento que te necesito dormido a mi lado. Necesito tus brazos rodeándome o simplemente notar que estás detrás. Tengo una enorme dependencia a tu sonrisa, a hacerte cosquillas y al sonido que haces al abrazarme.
Y quizás sólo esté medio imbécil, pero te juro que te echo de menos cada vez que mi cabeza se queda en silencio. Cada vez que intento no pensar en nada, apareces. Apareces con tu maldita sonrisa, tus brazos abiertos y palabras bonitas para mi, como siempre. Y me doy cuenta de que eres lo que quiero. Que podrá haber millones de tíos por ahí repartidos, pero que cuando salgo de clase quiero que seas tú que esté fuera esperando, listo para recogerme en su pecho.
Perdóname. Perdóname por no escribirle un final a esto. Simplemente no creo que lo merezca, ya que lo que siento no va a dejar de crecer, no va a dejar de estar aquí. No le he inventado un final, pero aún así, termina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario