sábado, 15 de junio de 2013

Exámenes

Como si no me sintiese ya lo suficientemente inútil el resto del año.
Me veo tan incapaz de poder cumplir con la meta que se me ha marcado.
Lo juro, me siento una completa inútil. Siento que mi cabeza no da para tanto y que defraudo con todo lo que hago.
Me juego todo el verano e incluso el título en un fin de semana, en un exámen, en una hora de un Lunes.
Lo que haga durante esa hora lo marca absolutamente todo, y mi cabeza no deja de repetirse que no va a salir bien.
No quiero defraudar a nadie. No quiero ser algo que no soy. No quiero suspender. No quiero repetir. No quiero estudiar un verano entero. No quiero llorar un verano entero. Y para eso está este fin de semana, aislada. Sin amigos, apenas sin móvil y sin hacer otra cosa que no sea estar delante de esta mesa con los apuntes, un bolígrafo y un montón de dudas.
Pienso que no voy a conseguirlo, y que todo será mentira. Una graduación falsa, un viaje de fin de estudios falsos y un verano de pega metida en casa. Y sé que no es el fin del mundo. Muchísima gente va a Septiembre, e incluso repite curso y no pasa absolutamente nada. Pero sé que yo me hundiría. Mi moral no puede estar más por los suelos y mis ganas de tirarme en la cama y ni intentarlo son hinmensas, pero sé que me arrepentiria durante mucho tiempo.
Necesitaba escribir esto y dejar de llorar. Y en cuanto acabe, apagaré el ordenador y seguiré aquí sentada dos días más, intentando conseguir mi meta.
Voy a conseguirlo. Voy a conseguirlo. ¿Verdad?
No hay nadie para impedirmelo, sólo yo. Y nadie tiene más ganas que yo de aprobar esto y de sentirme lista y capaz. 
Debo tener la confianza en mi misma que nunca he tenido. Porque voy a superar esta prueba como he superdo todas las anteriores. Porque sé que puedo. Porque sé que voy a hacerlo.
Y con estas me despido.
Felices matemáticas. Au revoir. 

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