domingo, 17 de mayo de 2015

Au revoir.

4 de mayo de 2015, sin necesidad de ir más lejos.
Después de luchar por mantener la ilusión a flote, después de todos los textos escritos entre sonrisas y lágrimas de alegría, ha llegado el momento de decir adiós entre lágrimas amargas al que yo creía compañero de por vida.
Han llegado los días de angustia, de odiar a mi corazón por seguir sintiendo tan fuerte algo que para ti no tiene futuro.
Siento haber deseado con tantas ganas jamás alejarme de ti, y ahora me odio por cada instante que no disfruté de tu olor, tu compañía o tus abrazos. Porque ya nunca van a volver a ser los mismos.
Los abrazos con pena, respirando ansiosa un poco de tu olor, después de todo el día a más de 2 centímetros
Siento ser egoísta y desear que te arrepientas de tus decisiones. Siento querer quitarte tus ansias de vivir lejos de mi abrazo. Odio estar triste todo el rato y tener esperanzas por algo que ya no va a volver. Siento no saber si me hace más daño verte o no hacerlo. Y verte y hacer como si todo fuese bien, como si al llegar a casa no volviera a sentir lo mismo. Como si no desease a cada instante que te dejaras llevar por el magnetismo de nuestras almas.
Nunca hemos sabido estar separados, pasamos de ser desconocidos a querernos como hermanos, y luego con locura. Y ahí me he quedado estancada, en la locura de tu risa, en que tus miradas sean todas para mi.
No sé cómo se le dice adiós a lo que más quieres, y más cuando no se va, sólo se aleja lo suficiente para que escueza a cada instante.

No sé cómo se vive al lado de la persona indicada, pero sin rozarla.

                                                                                                                   Au revoir, mi para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario