Aun sabiéndolo con toda certeza necesitaba que saliese de él, y menos mal. Parece que todas esas lágrimas y acelerones cardíacos han servido para limpiarme el corazón. De desconfianza, de odio, de miedo. Y para acercarme una vez más a ti.
Tenía claro que seguía queriéndote, no creo que jamás pueda dejar de hacerlo, pero no quería volver a caer, no quería volver a no ser suficiente. Creo que estos meses me han servido para quererme, quererme un montón, para seguir bien arriba aunque pensase no ser suficiente para ninguno de los dos y resulta que sí que lo soy.
Sé que soy suficiente, más que suficiente, me desbordo del puto vaso. Y sé que me queréis, y eso me hace la niña más feliz de este puto planeta.
No sé a quién dar las gracias por haber cruzado a Migue en mi camino, por tener en mi vida a un grandullón tonto, sincero y más bueno que los donetes. No he sido capaz de odiarle ni por un segundo, ¿cómo odiarle por no enamorarse de mí? Si él sabía que no iba a ser el amor de mi vida, si yo ya le había dicho quién. Y entre perdones me ha salvado la vida y me ha devuelto la sonrisa. No sé si algún día podré agradecerle todo lo que me ha dado, por ahora procuraré simplemente no moverme de su lado. Tengo como amigo a un koala-perezoso que da los mejores abrazos del mundo.
Estoy alargando demasiado porque no sé como empezar, aunque no sea el principio de nada. Porque no sé por donde cogerte si no es para darte un abrazo. Porque ya sabes que no sé qué me digo si no te lo digo a ti. Por eso siempre te escribo en segunda persona, como si me leyeras, porque cuando escribo, te escribo a tí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario