La verdad es que nunca podré amar a alguien como a él.
De un modo tan enfermizo, sadomasoquista, hiriente e ilógico. De manera tan incondicional, soportando hasta el más total desprecio y la dominación de mi mente, mis gustos y mis decisiones.
Nunca podré amar a otro como te amé a ti, y eso es el mejor regalo que puedo hacerme.
Gracias por hacerme madurar, primer amor. Sin ti aún seguiría aguantando que me tratasen como si fuese inferior. Si tú no hubieras sido tú, quizás aún no sabría defenderme. Si no hubieras hecho lo que hiciste, aún no sabría enfrentar la verdad sin que se me atragantasen las lágrimas.
Fuiste tú con todos tus actos, todas tus burlas y todo tu desprecio hacia mi lo que me ha hecho ser quién soy, lo que me ha hecho ser tan feliz a día de hoy.
Si tú no hubieras rechazado, ignorado cada muestra de cariño, cada segundo en el que me desviví por ti, porque estuvieses a gusto y por hacerte todo lo feliz que fuese capaz, quizás ahora no valoraría cada gesto amable que tienen conmigo.
Quizás nunca pueda olvidar estos dos años, quizás si que seas irremplazable, quizás no hay nada más cierto que nunca podré volver a amar como te amé a ti. (Que sí amar más.)
Pero ten claro que pude reconstruirme, que puedo sonreír con fuerza cada día, que sólo te pienso en los momentos más bajos y rápidamente mi gente es capaz de sacarme a flote.
Que contigo todo era un croma verde en el que aparecía el cielo despejado, el sol brillando y el arcoiris en todo lo alto; pero cuando realmente te asomas a la ventana caía el diluvio universal.
Pero era demasiado duro de aceptar. Tenías que ser perfecto, porque yo te había elegido como mi primer amor, porque te regalé lo más preciado, pero sólo eras tú.
Perdona por pedirte demasiado, sólo eres tú. Y tú no eras para mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario