miércoles, 7 de octubre de 2015

Que me hable claro y me bese oscuro, con los ojos cerrados.

Vale, puede que no fuese la noche ideal, el sitio ideal ni las condiciones ideales. Pero si sé que la compañía y todos los sentimientos que ahí vibraron fueron, son y serán totalmente perfectos.

Después de hincharme de llorar y autonombrarme reina de las tontas decidí levantarme del suelo y volver a esa cola llena de niñatos borrachos, que al igual que yo, a las putas 3 de la mañana quieren entrar a la Fucking Rebel Bingo. Sin dejar que pasasen ni 5 minutos desde mi férrea decisión de olvidarte, vienes. Tambaleándote, borracho como una cuba, apoyado en Dani y con una sonrisa de imbécil integral. Decides que es gracioso echarme el brazo por encima y me aparto, en más de una ocasión. Tú te extrañas como si de verdad no te hubieses dado ni cuenta en estos dos meses de que estoy loca por ti y que tú no haces más que marearme. Finalmente supongo que acepté, tampoco lo recuerdo con nitidez. Después decidí apartarme de tu lado, ya que si te noto cerca me absorbes por completo.

Entramos al local y hago que todos te esperen, claro, mi cabeza es incapaz de tomar una decisión sin tu sonrisa enfrente. Decido guiaros a todos hasta el baño a sabiendas de que jamás he estado ahí, y no paro de mirar atrás por si tu cabeza deja de asomar entre tanta multitud sin importancia. Llegamos, tomamos aire y seguimos nuestro camino hasta el escenario. Tonta de mi que no nota que hace rato que no estás. Agobio. Cojo el móvil con prisas y ya hay un mensaje tuyo, en idioma Larios : "Guardarropa." Intento convencer a unos cuantos para ir a buscarte, y me toca ir sola. Justo en el sitio acordado aparece tu silueta, junto a otras dos. "Vaya panda de borrachos" pienso para mi misma, pero cómo os quiero. Noto que estás fatal, apenas puedes mantenerte en pie y resulta que, como era de esperar, has vomitado en los baños públicos y asquerosos de esa nave poligonera. Casi que te obligo a apartarte a un lado y apoyarte en una pared, ya que apenas eres capaz de sostenerte en pie o de ver nada. Estás sudando, poniendo muecas desastrosas e intentando apoyarte en mi.
  Joder, Migue... Claro que no soy de piedra y acepto encantada tus brazos alrededor de mi cuello y tu frente en mi hombro. Después de unos 20 minutos así, en los que te enredo la chaqueta a la cadera para que dejes de sudar, en los que no sé qué hacer para que te sientas mejor, en los que simplemente te sigo abrazando y respiro a tu ritmo. Tú decides buscarme, la boca, los labios, el corazón, y me niego. Ya sabes que he decidido hacerme la dura, joder. Y me miras, y siento que no sabes donde estás, que no tienes ni idea de lo que ocurre a nuestro alrededor pero que tienes una única cosa clara en la cabeza. Y vuelves a la carga, disparando donde más débil soy, y cuando estamos a dos milímetros me detengo. Espero que tú tomes la decisión y termines el trayecto y, joder, claro que lo haces, y me siento morir. Siento tu calor un par de segundos, tu lengua húmeda contra la mía y siento que me voy a desmayar yo también. Me alejo, porque no es el lugar ni el momento. Te siento en el suelo y te mareas aún más si cabe. Te levantas de un salto y me guardo los detalles de lo que haces. Simplemente diré que me asomé a ver si seguías vivo y te tapaste la cara, eres tan dulce y tímido incluso vomitando Larios en el suelo de una puta discoteca.
    Como es obvio te echan de allí, y tú miras atrás para que no te deje solo. Imbécil, ni en un millón de años. Te siento en un escalón al que podemos llamar casa, ya que vivimos allí como 3 horas sin apenas movernos. Ni si quiera sé cómo ordenar la sucesión de flechas al corazón que sufrí allí, no sé cómo describir esos sentimientos, sólo sé que te sentí mío, sentí que te importaba de verdad por primera vez después de tantas lágrimas.

Tú sólo querías dormir y trás dejarte acostado en el suelo usé tu culo de almohada. No estaba cansada, sólo era un sueño por cumplir, jeje. Después de un rato empezaba a preocuparme así que te levantaba del suelo y hacía que te activases un poco. Me senté detrás de ti y abracé tu espalda como pude (pf, podría dormir en ese colchón cada noche sin notar la diferencia con mi cama), derrepente giraste la cabeza y me miraste como un gatito peleón, sonreíste bonito (como si pudieses hacerlo de otra forma) y me rodeaste entera con tus brazos de una forma tan especial que creí que serias capaz de subirme hasta la luna y dormir juntos allí. Te estiraste por completo y apoyaste tu cabeza en lo más blando de mí. Como comprenderás me puse como un tomate, pero al verte sonreír con los ojos cerrados me di cuenta que no tenía un hombre entre los brazos, sino un niño cariñoso deseando estar en su cama. Esto pasó otro par de veces ya que mi cuerpecito no aguanta tus noventa kilos de gimnasio sin empujarte un par de veces a la acera para poder descansar. Y en una de estas besaste tu almohada, como un niño juguetón agradeciéndome a caricias que no me moviese de tu lado. Yo no sabía donde meterme, así que simplemente sonreí como una tonta. Bien avanzada la noche me sonó el móvil, estábamos túyyo (todo junto, porque estábamos así de pegados) sentados en el escalón acariciando y besándonos las manos, en el puto paraíso, joder. A lo que iba, sonó el móvil y era él, cómo no. Pareceré una insensible pero me dijo un montón de cosas de las que no me acuerdo o que me importan una mierda, porque te tenía ahí a mi lado y sólo quería seguir así un poquito más de eternidad. Tú te diste cuenta de que no te estaba mirando, y te acercaste aún más si cabe, a entremeter tus narices entre mis rizos, a besarme el cuello como los príncipes de los cuentos. No me giré hacia ti porque iba a ser inevitable que se me notase en la voz si veía tu sonrisa por casualidad, pero colgué rápido, antes de que el corazón me odiase un poco más. Y te miré, y tú ya me estabas mirando, y agaché mi cabeza para ponerla junto a la tuya. Ambos metimos la nariz y la mirada en los huecos de tus rodillas y volvimos a acariciarnos como antes. Tú me besabas las manos y yo suspiraba por no poderme quedar a vivir ahí el resto de la vida. Después pasaste a acariciarme las rodillas (el mejor tour turístico que me han hecho en la vida), no te importó pincharte las yemas de los dedos porque no paraste en un buen rato, en el que yo me encontré flotando entre nubes y en el que sentí que todos los seres vivos e inertes de este planeta debían tenerme envidia por poder sentir tu roce tan cerca de mi alma.
   Cuando el reloj iba a marcar las seis y media de la mañana decidí que debíamos irnos o haríamos el camino a casa a plena luz del día. Y qué camino. Al principio necesitabas ir apoyado en mi, pero pronto pasé de ser una muleta a alguien importante al que abrazar. Aún me acariciabas la mano si por casualidad se nos juntaban, y nos paramos a abrazarnos cada vez que sentíamos la necesidad. Me guiaste por el camino largo a casa, y a mi me gusta pensar que simplemente querías estar más tiempo caminando conmigo. Aunque esa noche tú habías sido el desprotegido quisiste acompañarme a casa, y quedarte hablando conmigo hasta que el sol había salido totalmente. Apenas recordabas nada ya entonces, y menos recuerdas ahora, pero sé que tu mirada era real, que tus caricias venían del corazón y que, a las putas ocho y media de la mañana me miraste pidiéndome un beso. Y después de ese me largué, mirando hacia atrás cada 10 segundos sabiendo que ahí estabas tú, mirándome con esa sonrisa de "por favor, vuelve aquí". Y no volví, no por falta de ganas, sino porque me sobra tiempo para regalarte, y quería que sintieses lo que es verme marchar. Joder, no voy a poder olvidar esa carita asomándose a escondidas entre las rejas mirándome sonreírte.

Sé que no fue la cita perfecta de enamorados, y que ahora tengo el corazón más anudado que hace dos semanas, pero me quedo con lo bueno. Con que sentí todo tan real que tiene que serlo. Con el deseo de que algún día mi rutina sean tus caricias y tus ojos en blanco al dormir.


                                                       Make a wish. Que desee tanto como yo estar abrazados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario